domingo, 11 de abril de 2010

La «comida basura» es tan adictiva como la cocaína o el tabaco

Los alimentos hipercalóricos desencadenan un deseo de comer de forma compulsiva

Rezuman colesterol del «malo», grasas «trans» y azúcares. Conocemos el daño de la comida más insana, de la bollería industrial, del bacon, salchichas o hamburguesas rebosantes de queso. Y aún así seguimos consumiéndola, a veces de forma compulsiva. Científicos del Instituto de Investigación Scripps (EE.UU.) aseguran en la revista «Nature Neuroscience» que detrás de ese gusto por los alimentos hipercalóricos hay un placer adictivo.

Este tipo de comida desencadena en el cerebro respuestas similares a la adicción que causan drogas, como el tabaco o la cocaína. Para demostrarlo, los científicos realizaron un experimento con ratas a las que convirtieron en comedoras compulsivas de «comida basura».

Los investigadores alimentaron a los animales de laboratorio con el tipo de comida que favorece la obesidad en los humanos, comida rica en grasa y calorías como las salchichas, el bacon o las tartas. Poco después de que el experimento arrancara, los animales empezaron a engordar drásticamente. Tomaron el doble de calorías que otro grupo de ratas que actuaba como control. Al devolver a las ratas obesas a su dieta habitual -la opción ensalada, como llamaron los científicos- lo rechazaron. Preferían no comer y durante dos semanas casi dejaron de hacerlo por no tener su comida preferida.
Para demostrar que las ratas se habían convertido en auténticas adictas a la comida, los científicos utilizaron descargas eléctricas. Un adicto real, sea rata o humano, consumiría también de forma compulsiva su droga incluso sabiendo que es dañino. De manera, que entrenaron a las ratas con estímulos de luz y descargas eléctricas en las patas. La luz significaba que la rata podía recibir una descarga. Cuando se encendía, las ratas delgadas dejaban de comer la comida basura más deliciosa; las obesas, acostumbradas a la dieta hipercalórica, continuaban comiendo.

Cuanto más comían, menos eficaz era la respuesta de placer que se desencadenaba en el cerebro, de manera que debían tomar cada vez más cantidad para encontrar satisfacción.

«Los animales perdieron completamente el control sobre su conducta alimentaria», explicó Paul J. Kenny, autor principal de la investigación. «Siguieron comiendo sin parar aunque sabían que podían recibir descargas eléctricas».

La investigación también encontró otro paralelismo con la adicción a las drogas. Como sucede con los toxicómanos, los niveles de receptores de dopamina (un neurotransmisor que se libera en el cerebro ante experiencias placenteras) disminuyeron en las ratas con sobrepeso.


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