domingo, 25 de abril de 2010

Cualquier delito por la cocaína

De las muchas muertes de mujeres a manos de sus parejas que se han producido últimamente –casi una cada dos días–, una de ellas nos muestra al maltratador suicidándose comiendo cocaína a puñados como en uno de aquellos excesos de Al Pacino en «El precio del poder», de Brian de Palma, cuando construye sobre la mesa de su despacho una raya más alta que el Himalaya. El crimen en España no se puede entender ahora sin la cocaína.

El presunto suicida habría acabado a cuchilladas con la vida de su esposa y provocado la muerte de su bebé de pocos meses, para acabar tragando el polvo blanco a bocados. Este alarde de mercancía sólo se da en los ambientes verdaderamente ricos en el producto. España es la estrella de cinco puntas, la polar, el destino puente y hasta la estación Termini. La cocaína está en el fondo de buena parte del tráfico de mujeres, del maltrato en el hogar, de los atracos y de los robos en la calle. La cocaína es la penicilina del Tercer Hombre de Orson Welles, el tesoro de Sierra Madre, de Humphrey Bogart, y el virus exterminador de la Guerra de los Mundos.


La cocaína impulsa a la discusión, a las carreras de coches, al reto de quién es más macho, y al asesinato. En Sevilla, a través de un proceso judicial poco seguido en el resto del país, se buscan más de cien kilos de coca desaparecidos de la Jefatura Superior de Policía, en un robo rocambolesco que habría sido imposible sin ayuda de gente que conociera el lugar por dentro. Hay policías imputados, pero nada de la droga se ha recuperado. Si, como se cree, la cocaína sustraída fueron ciento cincuenta kilos en total, con sólo un corte se habrían convertido en trescientos kilos. Y esa mercancía de una pureza entre el 70 y el 80 por ciento admite varios cortes. Tal vez los afortunados ladrones de polvo se hicieron en realidad con una tonelada de droga, una vez cortada, que nadie sabe dónde narices está. Mientras en Sevilla ha habido pocos cambios en la estructura policial, y si no ha cambiado mucho la cosa, la cocaína capturada se sigue almacenando en lugares inadecuados.

Mientras el delegado del Gobierno, el forense Miguel Lorente, informaba de que ya eran 19 las mujeres muertas por violencia de género este año, se encontraba la víctima número 20, una chica de 24 años presuntamente asesinada en Madrid. Al nombrar un forense al frente de la lucha contra la violencia de género, el Gobierno demuestra poca fe en sí mismo. Aunque no tengo los medios de ningún Observatorio de Violencia de Género, me parece que la cuenta del Gobierno se queda corta. Dicen los expertos gubernamentales que no saben a qué se debe el aumento de la violencia. Y digo yo si serán capaces de mirar alrededor, leer las noticias.

Lugar de paseo y concentración de todas las mafias, en España detuvieron en febrero a Pietro Matranga, un capo de la Cosa Nostra. Lo capturaron en Roda de Bará (Tarragona). Curiosamente pensarán los expertos gubernamentales que se dedicaba al tráfico de cocaína, aunque no puedan imaginarse por qué. Matranga tenía un chalet alquilado que, cuando le hospedó el Estado en un centro penitenciario, quedó a disposición de sus propietarios y fue vuelto a alquilar. El pasado fin de semana, mientras los maltratadores afilaban los cuchillos, a las tres en punto de la tarde, los nuevos inquilinos encontraron un paquete en el cobertizo de las herramientas. Eran tres kilos de una sustancia blanca. ¡Pues sí, lo han adivinado! ¡ Cuando llegaron los policías confirmaron que se trataba de cocaína de gran pureza! Probablemente un alijo extraviado por el padrino de la Cosa Nostra.

Cuenta la leyenda urbana (habrá que confirmarlo con Alberto Granados, el hombre de la radio experto en leyendas) que cuando una legión de desharrapados busca en los cubos de basura al ponerse el sol, en realidad rastrean la estaciones de cita de la droga. En una esquina de la ciudad los mafiosos sicilianos intercambian euros por droga en los cubos de basura. Es un secreto a voces que un mendigo de la calle se ha hecho rico con bolsas de polvo blancas, como de detergente, halladas en esos contenedores de comunidad de vecinos. Pero podría ser un dato falso para despistar mientras se intercambian polvo de ángel en un polígono industrial.

En el París-Dakar han introducido un camión que en realidad transportaba 814 kilos de coca. Los responsables podrían ser siete individuos que están detenidos. La caja del vehículo llevaba una plancha de madera de varios centímetros, con un compartimento recubierto de plomo y en su interior más de treinta espacios de doble fondo. Posiblemente se trataba de un envío para surtir la isla de Ibiza de cara al verano, aprovechando la competición internacional. El camión-taller de la coca venía de Argentina. Otra postal de la droga.

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