martes, 22 de diciembre de 2009

Más de la mitad de las mujeres atendidas por drogas es víctima de maltratos

Más de la mitad de las mujeres que acuden a los servicios de atención a drogodependientes son víctimas de la violencia machista, si bien los expertos sostienen que el porcentaje de las que sufren este doble problema es mucho más elevado, porque gran parte de ellas ni siquiera solicita ayuda.

Así lo ha puesto de manifiesto hoy Violeta Castaño, autora del estudio "La Atención a la problemática conjunta de drogodependencia y violencia de género en la población de mujeres", realizado por la Fundación Atenea y financiado por la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas.

El análisis, basado en un amplio trabajo de documentación, encuestas y entrevistas directas tanto en centros de la red asistencial de drogas como de víctimas de maltratos de toda España, revela cómo estos asuntos se abordan sin perspectiva de género y de manera disociada, sin tener en cuenta su estrecha vinculación.

"No existen recursos asistenciales que tengan en cuenta el tratamiento de las mujeres desde la perspectiva de género, ya que los servicios de atención a drogodependientes no tienen entre sus objetivos atender otro tipo de problemas como el maltrato", del que muchas veces ni ellas son conscientes, ha señalado Castaño.

Asimismo, desde la red de atención al maltrato no se cuenta con espacios específicos para este grupo de mujeres con adicciones, pese a que, en ocasiones, recurren a las drogas o a los ansiolíticos precisamente para "soportar" la violencia que padecen.

En los centros de deshabituación de drogas se atiende a un 80 por ciento de varones frente a un 20 por ciento de mujeres, ya que, según Castaño, ellas no piden ayuda por sufrir una "estigmatización mayor" y, también, porque asumen la carga familiar.

Algunas investigaciones que recoge el informe, realizadas en algunas comunidades autónomas, elevan hasta un 84 por ciento el porcentaje de mujeres adictas que confiesa ser maltratada por su pareja actual o haberlo sido por otras anteriores.

La experta ha explicado que en la red de asistencia al maltrato se rechaza directamente a las drogodependientes por entender que su trastorno adictivo es "más urgente" y no les permitirá integrarse en una comunidad terapéutica con el resto de afectadas.

El perfil de esta fémina, enganchada a la droga y a un hombre que le pega, es el de una mujer de entre 31 y 40 años, con una edad media de 36.

En el 51 por ciento de los casos las afectadas son solteras, pero con un porcentaje importante de separadas -34,5 por ciento-, y con hijos. En el momento de solicitar tratamiento, la mayoría convivía con su familia de origen.

Posee un nivel de estudios medio, trabaja como empleada, aunque hay un número importante que tiene un nivel cultural bajo y no tiene una profesión definida. La demanda de tratamiento suele ser por el consumo de alcohol y/o cocaína, con una adicción de once años de evolución.

De hecho, se inició en las drogas a los 19 años junto con una pareja consumidora y es maltratada por ella durante un periodo aproximado de ocho años, sin pedir ayuda.

Todo este círculo dramático, ha relatado Castaño, es fruto de una realidad social y cultural "profundamente arraigada" en la propia población femenina y de una mentalidad "androcéntrica" en la que sigue existiendo discriminación hacia las mujeres.

La directora de la Fundación Atenea, Paz Casillas, ha apostado por la "coordinación" de los recursos de ambas redes de modo que trabajen de forma paralela y por la formación en perspectiva de género de todos los especialistas involucrados en estas terapias.

Los expertos proponen que si una mujer adicta llega a un centro de acogida se la derive a drogodependencias hasta que se estabilice su consumo y que, una vez lograda la desintoxicación, continúe con su tratamiento desde el punto de vista de género.

Si como suele ocurrir acude primero a la red de drogas también se la debe estabilizar averiguando si su consumo se debe a violencia de género soterrada. Una vez desintoxicada, debería sensibilizarse a la mujer en cuanto a su problemática de género para ir preparando el posterior traslado al recurso de malos tratos.

En ambos casos, ha concluido Castaño, la derivación debería prepararse correctamente para que la mujer realizara "físicamente" el recorrido de un recurso a otro, tal vez "acompañándola literalmente", puesto que su abandono es un problema "frecuente".


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