viernes, 11 de diciembre de 2009

Chueca, retorno a la degradación

Desde hace dos años, «la jungla del ocio» se está desgastando. Sus problemas son el creciente «botellón» en sus calles y el aumento del tráfico de drogas, a lo que se añade la prostitución masculina en plena vía pública. Los vecinos se sienten inseguro

El esplendor del barrio de Chueca ha durado una década. Si durante las décadas de los 70 y 80, la delincuencia, los estupefacientes y la prostitución relegaron al barrio hasta convertirlo en una zona marginal, ahora, el «botellón», la inseguridad y, de nuevo, las drogas amenazan con llevarlo de vuelta a las andadas.

La zona se ha convertido en un lugar de culto al alcohol, con los problemas que ello conlleva: ruidos, broncas, suciedad, orines e insomnio, fin de semana sí y fin de semana también. «Si antes los teníamos de jueves a domingo, ahora comienzan los miércoles. Es una novedad desde este verano. En los últimos meses vienen por la tarde los que parecen menores y ya entrada la noche, los mayores», denuncia una viandante, quien conoce a la perfección el «modus operandi» de los «botelloneros», ya que el balcón de su vivienda da a la plaza de Chueca. «La gente ya viene hasta con altavoces inalámbricos para poner la música en la calle», comenta entre risas y resignación.

En las diversas vías de Chueca hay grupos de jóvenes bebiendo en la calle. «Venimos a esta zona porque es muy tranquila. Nunca se forman peleas», comenta un estudiante de 23 años. «Con diez euros cada uno, nos ponemos pedo. Así en los garitos sólo consumimos chupitos», comenta otro de 19.

«Hay más camellos»
Las quejas y preocupaciones de los vecinos de la zona no acaban ahí. «Cada vez hay más camellos y más tráfico en la calle», apunta un vecino de la calle Gravina. «Durante el día están los indigentes. No son muy problemáticos, pero se les ve que trapichean con droga y, además, están bebiendo durante todo el día en las plazas. Da inseguridad», apunta un vecino de la calle Barbieri que prefiere mantener oculta su identidad.

Hay quien reconoce que, en lo que concierne al «botellón», en general, «ha repuntado mucho en todo el distrito de Centro. Chueca no es un caso aislado». Según denuncian y coinciden las asociaciones de la zona (Asociación de Vecinos de Chueca; Cogam y Aegal), «Chueca, de nuevo, se está degradando». Una nueva realidad que perciben «desde hace dos años a esta parte».

Desde la comisaría de Centro revelan que hasta hace un año «el «botellón» era tolerable, pero ahora ha crecido y es más problemático». Como consecuencia de este incremento, estas fuentes apuntan que ha repuntado «el menudeo de droga, pero principalmente hachís, ya que la crisis impide que consuman sustancias más caras». No obstante, aseguran que todos los fines de semana «acudimos a la zona y hacemos incautaciones. Está controlado. No hay diferencia con Lavapiés o Embajadores», aseveran las fuentes policiales.

«After-hours» ilegales
«La jungla del ocio», como algunos vecinos denominan, podría finalizar su actividad a las 3.00 de la mañana, «cuando algunos locales cierran y la gente se mete en los que quedan abiertos», como apunta la dueña de un local. Nada más alejado de la realidad. Desde hace un tiempo comenzaron a operar los «after-hours». Primero eran dos y ahora son seis repartidos por la zona. «Recogen a los más desfasados y se vuelve a generar gresca. Además, muchos se dedican a la prostitución masculina. Y todo lo hacen con licencia de cafetería», protesta un vecino.

Desde la comisaría de Centro niegan que estos establecimientos ejerzan como prostíbulos, aunque reconocen que se ha incrementado «la oferta de sexo en la calle, sobre todo de jóvenes marroquíes».

Otra de las cuestiones que trae de cabeza a los residentes del barrio es el cierre constante de comercios «de toda la vida y alimentación» para la apertura de «bares, pubs y discotecas». Otro perjudicado que tiene una tienda, narra que todo este cóctel molotov de contrariedades afecta a su negocio. «Orinan en la puerta y encima se ponen bravucones si les dices algo». Sus ventas se han reducido, y no duda en apuntar a la inseguridad como causante principal. «A la gente no le da mucha tranquilidad pasar por aquí. Lo dicen los clientes», manifiesta.

La Asociación de Vecinos de Chueca y Cogam coinciden en que la imagen que da la celebración del Orgullo Gay «está siendo negativa». Como apunta un vecino: «La gente se cree que esta zona es un parque temático donde se pueden liberar tensiones de todo tipo. De miércoles a domingo es una reproducción de la fiesta del Orgullo».

Manguerazo al «botellón»
Con el aluvión de críticas de las asociaciones y los vecinos, el Ayuntamiento ha puesto en marcha un dispositivo insólito: el manguerazo. Los viernes y sábados acuden dos o tres dotaciones de limpieza y varias patrullas de la Policía Municipal. Sacan una manguera y comienzan a regar las plazas de la zona (Chueca, Vázquez de Mella y Del Rey). La medida surte efecto: los «botelloneros» huyen. El problema es que se dispersan por las calles aledañas. Al rato, vuelven. Los vecinos están contentos: «Parece que nos hacen caso», pero se mantienen expectantes de que realmente sea efectivo.


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