domingo, 13 de diciembre de 2009

La mitad de los niños son fumadores pasivos

250 personas mueren cada año en el País Vasco por inhalar nicotina de forma involuntaria

SUPERTÓXICO
4.000. Ésta es la cantidad de sustancias nocivas que contiene el tabaco, lo que explica su gran toxicidad.

Cerca de 3.000 personas mueren cada año en España por exposición al humo ambiental.

5,4 millones de personas fallecen cada año en el mundo por culpa del tabaco, la mitad en edades comprendidas entre los 35 y los 69 años.

Más de la mitad de los niños españoles viven en un ambiente tabáquico, bien porque fuman los padres o porque lo hace la persona responsable de su cuidado, según las estimaciones del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT). Este dato viene a ser coincidente con los resultados del último estudio europeo Eurobarometer dedicado a las actitudes de los europeos ante el tabaco.

Tanto el informe europeo como el dado a conocer por el comité español (integrado por miles de profesionales sanitarios vinculados a la lucha contra el tabaquismo) ponen de relieve que España registra uno de los porcentajes más elevados de la UE de personas que fuman delante de sus hijos. «En nuestro país no es nada raro ver a niños e, incluso, bebés en su carrito en bares y restaurantes con ambientes de humo de tabaco, sin que haya una verdadera conciencia en la sociedad de los riesgos que ello comporta», afirma el vicepresidente del CNPT, el doctor Rodrigo Córdoba.

Los riesgos que comporta el tabaquismo pasivo en la salud de los niños revelan que se trata de un problema de gran consideración, según el comité. Así, los pequeños expuestos padecen un 70% más de infecciones respiratorias y catarros que los no expuestos al humo de tabaco, presentando además una mayor probabilidad de padecer otitis purulentas crónicas (causa más común de sordera y cirugía en los niños), faringitis y amigdalitis.

El riesgo de neumonía en hijos de padres fumadores es cuatro veces mayor que el de los niños cuyos padres no fuman. El 42% de los críos que padecen una enfermedad respiratoria crónica son fumadores pasivos . También se ha demostrado, según el CNPT, que los hijos de madres fumadoras tienen más ingresos hospitalarios por bronquitis y neumonía. Y múltiples estudios sugieren que el humo de tabaco no sólo agrava el asma infantil, sino que lo causa.

Absentismo escolar
Otra de las fatales consecuencias que se derivan del fuerte impacto del tabaquismo pasivo en el estado físico de los niños es el absentismo escolar, que es mucho mayor que en los demás colegiales.

Pero los efectos no se quedan aquí. Según los expertos del comité antitabaco, la situación descrita se ha relacionado con un mayor riesgo de desarrollar cáncer, tanto en los primeros cinco años de vida como en la edad adulta. El doctor Córdoba señala que «uno de cada seis casos de tumores de pulmón en adultos no fumadores podría deberse a la exposición al humo de tabaco durante la infancia y la adolescencia».

Otro aspecto de importancia es el relativo al bajo peso de los recién nacidos bajo la influencia, durante el embarazo, del tabaco, y que supone a menudo un serio condicionante para su desarrollo en óptimas condiciones, según el CNPT. El vicepresidente del comité subraya que cada año se registran en España cientos de hospitalizaciones de niños con asma, bronquitis o neumonías, aunque eso, con ser ya preocupante, no es lo más grave. «Lo peor es que también se dan casos de muerte súbita por exposición al humo de tabaco en lactantes».

A juicio de Rodrigo Córdoba, queda mucho por avanzar, incluso en aquellos supuestos en los que parece que se actúa bien. Alude, en este sentido, a que algunos padres fumadores tienen una falsa sensación de seguridad cuando se van a otra habitación o salen a la terraza a encender el pitillo «sin apercibirse de que esta medida no suele ser muy eficaz. De una u otra forma terminan por hacer partícipes a sus hijos de los elementos dañinos que contiene el humo del tabaco».

En la misma línea, la Sociedad Vasco Navarra de Prevención del Tabaquismo calcula que son 250 las muertes que cada año se producen en Euskadi por inhalar de forma involuntaria el humo de cigarrillos. Según la entidad que preside Carlos Cortijo, esta cifra de fallecimientos, que califica de «conservadora», es consecuencia directa de la presencia de humo en los hogares y en lugares públicos. Por ello, este colectivo -participa en la Comisión Consultiva del Tabaco creada en el seno del Gobierno vasco para elaborar una nueva legislación antitabaco- aboga por prohibir fumar en todos los lugares públicos cerrados, «como ya se hizo hace años en los medios de transporte públicos».

Carcinógeno más peligroso
Para justificar su demanda, la Sociedad Vasco Navarra de Prevención del Tabaquismo argumenta que el humo procedente de los cigarros es «un tóxico ambiental clasificado dentro del principal grupo de carcinógenos por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer. Es decir -resalta-, figura dentro de la categoría más peligrosa dentro de los elementos causantes de esta enfermedad». Ante «una evidencia científica», el doctor Cortijo no tiene ninguna duda de que es hora ya de cortar de raíz con la costumbre de fumar en bares y restaurantes, como ya se hace en establecimientos de otros países de Europa.

Sostiene, en este sentido, que es hora de erradicar la idea de que el fumador tiene «libertad individual» para consumir tabaco donde quiera porque «eso no le da derecho a contaminar al resto, a una mayoría silenciosa formada por el 80% de la población vasca que no fuma».

Para ese colectivo vasconavarro, la regulación del consumo de tabaco «es una buena iniciativa» porque la creación de espacios públicos sin humo «va encaminada a proteger a toda la población de la exposición involuntaria y, en especial, a los menores de edad del humo ambiental». En esta línea, resalta que un número importante de jóvenes (52%) comienza a consumir tabaco entre los 14 y los 16 años. La entidad considera que el hecho de que se fume en discotecas, bares o restaurantes provoca una falsa percepción a los niños y adolescentes de la «normalidad» que supone fumar, lo que contribuye a «interiorizar» una conducta totalmente insana al respecto.

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