martes, 10 de agosto de 2010

¿SABE USTED LO QUE FUMA?

Los cigarrillos llevan hoy nuevos aditivos como los azúcares, el mentol, el amoníaco o el cacao que, en combustión, generan una dependencia en el fumador mucho mayor que la nicotina por sí sola.

Sólo el cinco por ciento de las personas que se administran chicles farmacológicos de nicotina se vuelve adicto a la sustancia. A los cigarrillos, en cambio, se hacen dependientes el ochenta por ciento de los fumadores. La razón: la nicotina pura es bastante menos adictiva que el tabaco vegetal, por lo que si los cigarrillos no tuvieran elementos suplementarios resultaría menos complicado dejar de fumar.

Esta es la razón por lo que el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo, que agrupa a numerosos profesionales sanitarios de todo el país, va a pedir al Gobierno que regule e impida el uso de aditivos que aumenten la adición a la nicotina. “La regulación no eliminará la mayoría de los riesgos de fumar, pero los fumadores merecen una mejor información sobre los productos que consumen”, afirma el médico de familia, vicepresidente del comité y profesor de la Facultad de Medicina de Zaragoza, Rodrigo Córdoba.

Los cigarrillos actuales contienen la mitad de tabaco auténtico que los que se fumaban hace cuarenta años, debido, entre otras razones, a que los fabricantes añaden ahora entre 400 y 600 sustancias con el supuesto fin de personalizar y saborizar el producto. De esta manera, un cigarrillo está compuesto en un cincuenta por ciento por tabaco vegetal, en un cuarenta por ciento de desechos del tabaco y un diez por ciento de productos químicos.

La denuncia del mencionado comité contra el tabaquismo se apoya también en un estudio reciente del Comité Científico para la Identificación de los Nuevos Riesgos Emergentes de la Comisión Europea de Salud Pública, donde se alerta de los aditivos que posee el tabaco que se comercializa hoy y donde se explica por qué la industria sigue contando con tan amplia libertad de acción. En España y en Europa sólo existe normativa en relación con los niveles admitidos de alquitrán, nicotina y monóxido de carbono, “pero la imaginación de los fabricantes pueden llegar tan lejos como marquen sus ambiciones comerciales”, apunta el portavoz del Comité de Prevención del Tabaquismo.

El punto candente es que muchos de los productos agregados no son nocivos contemplados aisladamente, aunque sí lo son a resultas del proceso de combustión que tiene lugar mientras se quema el cigarrillo. Así, los azúcares añadidos se convierten en acetaldehído, una sustancia química que aumenta el poder adictivo de la nicotina.

Otro elemento aparentemente inocuo, pero con similares consecuencias, es el mentol, muy empleado de un tiempo a esta parte debido a que su sabor parece agradar a menores y mujeres.

Asimismo, los derivados del amoníaco líquido (producto base de los limpia cristales) se usan profusamente desde los años sesenta para potenciar la adicción del tabaco. El amoníaco aumenta el PH (alcalinidad) de la nicotina, y eso se traduce en un mayor impacto a nivel cerebral.

Los ejemplos son numerosos y pueden llegar incluso al cacao, sobre el que nadie sospecharía, al formar parte de la dieta tradicional de muchos niños y adultos, que posee un efecto broncodilatador que facilita el tránsito de los vapores de la nicotina en los pulmones, de modo que esta llega en mayor cantidad a la sangre e incrementa igualmente su actividad adictiva.

El comité contra el tabaquismo recuerda también que, en su deseo de hacer cada vez más rentable su negocio, la industria incorpora crecientemente elementos como dióxido de carbono, nitrógeno o isopentano para expandir el tabaco y conseguir así fabricar un mayor número de cigarrillos a menor coste. “Todo vale, incluso agregar subproductos o desechos del tabaco original, como tallos, partículas pequeñas o polvo de hoja”, comenta el doctor Córdoba. Y que nadie se equivoque: el tabaco de liar porta más productos químicos incluso que los cigarrillos.

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