martes, 10 de agosto de 2010

LOS EUROPEOS UNIFICAN GUSTOS Y HÁBITOS EN EL CONSUMO DE ALCOHOL

La frontera entre las regiones vinícola, cervecera y licorera se ha diluido con la llegada del mercado común

Hace treinta años era tan extraño ver a un español beberse un vodka con limón como a un finlandés degustar un buen tinto. Pero desde hace unos años la apertura de fronteras y el mercado común han ido acercando gustos y hábitos de consumo, también a la hora de beber.

La Europa mediterránea tenía hace tres décadas el nivel de ingesta de alcohol más elevado del continente. Los franceses consumían en 1970 unos 20 litros por cabeza al año; los italianos, 17, y los españoles, alrededor de 16. Por otro lado, Finlandia, con 6 litros por cabeza, o Irlanda, con 7, eran de los países que menos bebían. En el 2003, el consumo en España había descendido hasta los 11 litros e Irlanda estaba ya en los 13,5 de media.

El sociólogo y profesor de la Universidade da Coruña (UDC) José Leira López ha realizado numerosos estudios sobre el consumo de alcohol en Galicia y, según su experiencia, existe una asimilación de las costumbres anglosajonas: «En nuestro país se ha dado una trasposición en las costumbres de consumo de alcohol que apunta hacia un modelo anglosajón, es decir, se bebe menos en términos absolutos, pero la ingesta se produce de forma muy concentrada en el fin de semana y con bebidas de graduación más elevada». El motivo es que «el alcohol ha dejado de ser un medio para convertirse en un fin. Antes salías y bebías con los amigos como parte de un rito cultural de socialización y fruto de ello era posible que llegases a un estado de embriaguez. Ahora, sin embargo, se bebe expresamente para alcanzar dicho estado y después salir», asegura.

Interrogado sobre el aumento del consumo de vino en países como el Reino Unido y Alemania, el profesor Leira explica: «El hecho de que el consumo de alcohol, principalmente vino, estuviese tan arraigado en la cultura mediterránea planteó a la Unión Europea y a la OMS la necesidad de establecer directrices para que los países del sur europeo redujesen sus cifras. En consecuencia, la producción de vino se centró en la exportación hacia países que no estaban apercibidos por las autoridades sanitarias comunitarias e internacionales. De este modo y por un proceso comercial, la cultura del vino comenzó a llegar al centro y norte de Europa», afirma. Forma parte, en definitiva, del «proceso de globalización» que trae consigo cambios sociales y culturales.


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