martes, 10 de agosto de 2010

LOS JÓVENES DE CASTILLA Y LEÓN ADELANTAN A LOS 19 AÑOS LA EDAD DE INICIO EN EL CONSUMO DE DROGAS

La mayoría de los drogodependientes tratados en el Centro de Atención Ambulatoria son solteros, en paro y con Secundaria.

La imagen de los heroinómanos y las jeringuillas de principios de los ochenta del pasado siglo resulta gastada a la hora de ilustrar el perfil de los nuevos drogodependientes del siglo XXI. Ahora el adicto es mucho más joven, no tiene por qué estar en exclusión social o al borde de la indigencia y es politoxicómano, presenta un cuadro de consumos abusivos de otras sustancias como el cannabis, la cocaína o el alcohol.

La Asociación de Ayuda al Drogodependiente (Aclad) ha tenido en tratamiento a 446 personas en Valladolid a lo largo del año 2009. En concreto, ha atendido a 288 drogodependientes con programas de mantenimiento de metadona y 158 que, o bien consumen heroína pero no quieren un tratamiento de sustitución, o bien son adictos a otras sustancias.

Aunque la heroína sigue siendo la causa de buena parte de los tratamientos, las nuevas entradas, es decir, las que no son recaídas, se deben sobre todo a consumos abusivos de alcohol o marihuana.

Según Aclad, el primer contacto de estas personas con las drogas se produce a los 19 años y es a los 21 cuando ya presentan un cuadro de dependencia. Los pacientes con los que ha trabajado Aclad en su Centro Específico Acreditado de Atención Ambulatoria a lo largo del pasado año son, en su mayoría, hombres con una edad media de 36 años y mujeres de 37. Seis de cada diez son solteros, casi la mitad tienen nivel de estudios de Secundaria y la mitad también se encuentra en situación de desempleo.

El paso más importante que puede dar una persona que tiene un problema de consumo de drogas es reconocer la situación y pedir ayuda, indican los expertos. En este caso, tanto los afectados como los familiares pueden acudir al centro específico de primer nivel de Aclad. En esta sede, situada en las calles Puente de la Reina y General Almirante, se atendió el año pasado a 310 personas. Es la primera toma de contacto en la que no sólo se ofrece información, sino que también se realiza un primer diagnóstico, se ofrece orientación y apoyo a los familiares, se ofrece si es necesario un servicio de asesoría jurídica o se promueve la inserción socio-laboral del afectado.

El primer contacto

Según Manuel Martín Monge, trabajador social de Aclad, hay muchas personas que acuden con problemas que no son adicciones, sino consumos abusivos de determinadas sustancias. «En este primer paso, un trabajador social analiza la situación y lo deriva al resto de recursos de la red de drogodependencias. Es un primer contacto y a veces el primero y el único», explicó.

La mayoría de los usuarios de este servicio vive en sus propias carnes el problema de las drogas, aunque también acuden por temas jurídicos, laborales o para desahogarse, aunque no exista una intención de dejar el consumo.

Martín Monge aseguró que hay muchas personas con problemas de consumo que no acuden a pedir ayuda a este tipo de centros. «Se piensan que sólo trabajamos con las drogas mal llamadas duras, como la cocaína y la heroína, y van al centro de salud. El médico de familia es médico, pero en drogas sabemos nosotros más, es mejor que acudan a centros especializados».

Una vez hecho el diagnóstico se decide si el paciente debe ponerse en tratamiento. En caso afirmativo, pasa al Centro Específico Acreditado de Atención Ambulatoria, un servicio donde se ha detectado un incremento en el número de usuarios. «Llegan muchas personas con problemas de consumo de cannabis. Parece que se cree que los porros son inocuos, pero nos llega gente verdaderamente colgada. Empiezan a darse cuenta de las consecuencias, no razonan, les cuesta pensar, no están motivados o no recuerdan las cosas», apuntó.

Permisividad

Desde Aclad advierten de que la edad de inicio del consumo de drogas ha bajado. El primer tonteo con el alcohol empieza con 13 y 14 años. «Una persona quizás nos dice que la primera vez que consumió cocaína fue con 18 años, pero cuando tu indagas en su ficha social, esa persona te dice que empezó a consumir alcohol de forma abusiva, aunque no todos los fines de semana, con 13 años y después con el mismo grupo de amigos empezó a consumir cannabis… y así llegas a la historia de cómo se metió la primera raya».

Explicar los motivos del descenso en la edad media de inicio en las drogas no resulta sencillo, aunque Martín Monge apunta sobre todo a una mayor permisividad social del consumo de estas sustancias. «Ver a la gente hacer botellón nos ha dejado de molestar, pero ver a alguien fumando un porro en el centro tampoco nos llama ya la atención», añadió el trabajador social, que quiso subrayar que en este tipo de centros solo se trata la punta del iceberg del verdadero problema que existe con las drogas.

El pasado año, dos de cada diez personas lograron el alta terapéutica en este centro, una cifra que Aclad insiste en que es «más que satisfactoria», otro 20% fueron derivados a otros servicios, el 15% obtuvo el alta forzosa por su ingreso en prisión y el 35% abandonó el tratamiento. «Hay que tener en cuenta el perfil del toxicómano. Hay gente que ha entrado y ha abandonado el mismo año dos veces, no podemos olvidar que las adiciones tienen la parte de recaída», añadió.

Para decidir cuándo una persona que consume tiene que someterse a tratamiento, lo primero es determinar si existe un consumo problemático, es decir, que le impida ejercer sus labores diarias o que no sea capaz de desarrollarlas sin consumir alguna sustancia. Además, otro pilar imprescindible para comenzar es la motivación. «Si el toxicómano no está motivado es generar fracasos en una persona y esos fracasos se arrastran a lo largo de la vida».

Desde Aclad indican que aquellos adolescentes que fuman porros para pasárselo bien y si no los fuman no se divierten, tienen un problema con el cannabis. «En ese caso será necesario que tengan también motivación y el apoyo familiar necesario para dejarlos e incluso que sean capaces de cambiar el círculo de amigos».

Pero también debería entrar en tratamiento aquella persona que toma cocaína y que cada vez que lo hace tiene una fuerte discusión en casa. «En este caso se está dejando de ejercer una función social porque se ha consumido una droga. Esto también hay que atajarlo».

Conocer a los amigos

En los casos de consumo de droga en personas jóvenes y menores, los expertos recomiendan a los padres observar mucho más a sus hijos. Martín Monge advierte de que los padres de hijos problemáticos se dan cuenta demasiado tarde de lo que estaba pasando. «A los hijos hay que preguntarles, saber con quién van o qué les gusta, sin entrar a valorar, pero sí controlando». En caso de que los padres noten algo extraño en el comportamiento, desde Aclad recomiendan que se informen, que pregunten a sus hijos e intenten entenderles. «Es necesario conocer a sus amigos y saber qué es lo que hace durante el fin de semana. A esto hay que unir a que siempre debe haber normas y límites que no se deben rebasar».

Una vez en tratamiento, las necesidades de cada persona son diferentes y más porque el perfil del consumidor de drogas es muy variado, desde los heroinómanos a personas de alto poder adquisitivo con problemas con la cocaína o jóvenes adictos al cannabis o a las pastillas. El centro de día es uno de los complementos a este tratamiento. Porque además del apoyo psicológico o social, hay personas que precisan de actividades encaminadas a mejorar su higiene o que precisan trabajar temas de salud a través de actividades deportivas o del yoga. En este centro, también se realizan actividades informáticas, de orientación laboral, talleres de autoestima o de relajación. Martín Monge remarcó que «este tipo de iniciativas sirven para que los drogodependientes vean que hay personas que están pasando situaciones parecidas y les pueden ayudar a comprender procesos que han pasado o que van a pasar y eso es importante». En 2009, el centro de día ha tenido 29 pacientes.

Búsqueda de empleo

A todo esto se une también el programa de integración sociolaboral Integra-2 destinado a todas aquellas personas que han dejado de consumir, pero que por su adición tienen mal aspecto físico o han generado varias enfermedades y que quieren encontrar un puesto de trabajo. También acceden a este programa personas que están en tratamiento, pero que un empleo les ayudaría a poder salir de las drogas.

Aclad además cuenta con un Centro de Emergencia Social en que contactar con drogodependientes, inmigrantes, personas que están en la calle o prostitutas. Un servicio que nació en 1998 ligado al desaparecido poblado de la Esperanza. «Se trata de un espacio para la higiene, para recibir correo, un sitio donde te escuchaban, un sitio para tomar un café en invierno o sentarse a la sombra en verano», cuenta el trabajador social, «es curioso ver a alguien que puedes ver muy tirado en la calle, que acude a abrir su correo para ver si le ha llegado alguna oferta de trabajo de alguna página de Internet».

El objetivo de este programa es dar alternativas. «Si había alguien que pensaba yo no tengo qué comer, dónde ducharme, no tengo dónde recibir correo y tú pretendes que lo primero que haga sea dejar las drogas. Pues aquí tienen un espacio para dar el primer paso para dejar la calle». Este servicio atendió durante el 2009 a 861 personas, de ellas más de la mitad son inmigrantes en su mayoría con problemas con las drogas.

Ante estas situaciones, la prevención y la educación siguen siendo el mejor caballo de batalla. Por eso desde Aclad, en colaboración con el Ayuntamiento de Valladolid y la Junta de Castilla y León se realizan diferentes campañas de concienciación entre los jóvenes, en zonas de bares de copas e incluso con personas que ya han tenido contacto con estas sustancias y que se encuentran internos en centros juveniles como el Zambrana.

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