domingo, 15 de agosto de 2010

EL INVENTO QUE ACABÓ CON EL FRÍO: VODKA EN GRAGEAS

Tres son los iconos con los que todo el mundo asocia Rusia: el oso, la matrioshka y el vodka. De los tres, es el mítico licor transparente el que es considerado patrimonio ruso desde hace siglos. Cómplice perfecto en cualquier ocasión, para reuniones familiares, en encuentros con amigos, las comidas de negocios o simplemente como cierre de una dura y fría jornada de trabajo.

El vodka, tan presente en la sociedad, ha ido evolucionando con ella, ha tenido que adaptarse e innovar, incluso someterse a estrictas normativas que han limitado y controlado su graduación (entre 40º y 50º) y su precio mínimo desde el pasado 1 de enero de 2010, está prohibida la venta de dicho licor cuyo coste no supere los tres dólares (algo más de dos euros). Todo esto sin perder la tradición... ¿hasta ahora?

Su uso se destinaba a fines veterinarios, con el objetivo de administrar a animales domésticos o de granja posibles analgésicos

Esa búsqueda de adaptación, innovación (se llegó a presentar una web para beber virtualmente) y evolución hizo que un profesor de la Universidad Tecnológica de San Petersburgo, llamado Evgueny Moskalyov, fuera un poco más allá, convirtiendo el líquido en un polvo que, compactado y presentado en tabletas, se corresponde con la típica imagen que encontramos en cualquier producto farmacológico.

En un principio, su uso estaba destinado a fines veterinarios, con el objetivo de administrar a animales domésticos o de granja posibles analgésicos y antibióticos, ya que en algunos casos las pastillas concentran un nivel de alcohol de hasta 96 grados. El creador ya ha ofrecido su patente para que sea también el hombre el usuario final de este nuevo concepto de consumo de vodka. Según asegura él mismo, tomar 30 pastillas tendrían el mismo efecto que beber 100 mililitros de dicho alcohol.

Ahora bien, falta saber cómo se enfrentarán los rusos a esta nueva realidad, cómo será sentarse en este momento tan esperado a una mesa, sin que esté dispuesta la zakuska (aperitivos que acompañan a la bebida) típica de tal acto. En el lugar de la botella de vodka aparecerán unas cuantas cajitas de pastillas, medicamento para calentar cuerpo y alma.
Un hueco en el mercado

Por el momento tal iniciativa se encuentra en periodo de prueba, pero no han sido pocos los interesados en adquirir el nuevo producto, y establecimientos hoteleros e incluso empresas se han ofrecido para la producción del vodka en polvo. Al parecer, podría llegar a los mercados rusos a finales de 2010. Si fuera así, ¿será capaz de transformar para siempre una de las costumbres más enraizadas en la madre Rusia?

Como toda nueva propuesta también cuenta con detractores que quieren retrasar su puesta en marcha. Son aquellos que opinan que una cosa es que avance la sociedad y otra que cambien las tradiciones rusas, esas que tanto defienden y ensalzan de generación en generación.

Así que habrá que esperar para ver qué es lo que pasa con el denominado vino de pan, ese que durante tantos siglos ha acompañado la vida cotidiana rusa. Cómo olvidar las figuras de Dmitri Mendeléiev y Viliam Pojlyobkin, y otros tantos, que vivieron la inspiración reflejada dentro de un stopka (vaso típico para el vodka). ¿Será igual con cuatro pastillas?

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