lunes, 18 de enero de 2010

Fumando bacterias

Los microorganismos contenidos en el tabaco pueden ser inhalados vivos junto con el humo y alojarse en los pulmones

A juicio de muchos, al que me uno, la llamada Ley Antitabaco que entró en vigor en España el 1 de enero de 2006 no ha resultado un éxito. Algunas de sus disposiciones han impedido, en efecto, gozar de un ambiente libre de malos humos en todavía demasiados lugares; en particular en pequeños locales de hostelería donde, además de los clientes, sus trabajadores están continuamente expuestos a humo del tabaco de segunda mano.

Estos hallazgos arrojan una nueva luz sobre algunos efectos del tabaco todavía por esclarecer

De sabios es rectificar y, en este caso, también de sanos. Por esta razón, esperamos que la presuntamente inminente modificación de la ley que va a realizar el Gobierno proteja de una vez por todas a los no fumadores, y al mismo tiempo siga permitiendo a los fumadores dedicarse a su pasión en libertad, pero sin dañar la salud de nadie, salvo la suya propia. Para estimular la aplicación de la nueva ley lo antes posible, nada mejor que convencerse de su justeza apoyándose en nuevos estudios sobre los efectos perjudiciales del tabaco, uno de los cuales vamos a explicar hoy.

Asesino humeante

Los estudios realizados acerca de los efectos del tabaco sobre la salud se han centrado, sobre todo, en las sustancias químicas contenidas en el humo. Resulta sorprendente que de él se hayan aislado más de 3,000 sustancias diferentes, muchas de ellas con efectos muy perjudiciales para la vida de las células y para su integridad genética. Prácticamente, cada calada que damos a un cigarrillo daña al ADN de alguna de nuestras células pulmonares, que puede entonces convertirse en tumoral. De no poseer las células la capacidad de reparar su ADN dañado, como sucede normalmente hasta que el tabaco acaba por dañar al propio mecanismo de reparación, el tabaco nos mataría de cáncer mucho antes.

La originalidad del nuevo estudio al que me refería arriba, publicado por investigadores de la universidad de Maryland, EE. UU., en la revista Environmental Health Perspectives (Perspectivas de Salud Medioambiental), reside en que su enfoque no se centra sobre los efectos de una u otra sustancia química, sino sobre las bacterias contenidas en el tabaco. Los autores demuestran que dichas bacterias pueden ser inhaladas vivas junto con el humo y alojarse en los pulmones. Aunque no es el primer estudio que se realiza sobre este tema, sí es el primero en utilizar potentes técnicas de biología molecular que permiten detectar miles de especies bacterianas a la vez.

Los científicos estudiaron las bacterias contenidas en cigarrillos de cuatro marcas comerciales y los encontraron poblados por más de 700 especies diferentes de bacterias, muchas de las cuales son conocidos agentes causantes de enfermedad. Antes de que el calor pueda acabar con ellas, la aspiración del humo arrastra con él a las bacterias contenidas en la parte del cigarrillo aún no quemada y permite que alcancen los pulmones de los 1.200 millones de incautos fumadores que pueblan el planeta.

Fermentación tabáquica

¿De dónde provienen estas bacterias? Normalmente, la superficie de las anchas hojas del tabaco ya contiene bacterias, aunque en menor cantidad que el tabaco elaborado. Durante el proceso de elaboración de cigarrillos, las hojas del tabaco fermentan en condiciones que permiten un denso crecimiento bacteriano, lo cual incrementa dramáticamente su contenido en bacterias. Se estima que cada cigarrillo puede contener cerca de un millón o más de bacterias.

Estos hallazgos arrojan una nueva luz sobre algunos efectos del tabaco todavía por esclarecer. Es conocido que muchos microorganismos son capaces de producir infecciones agudas, pero son también agentes que contribuyen al desarrollo de enfermedades inflamatorias crónicas, e incluso pueden contribuir al desarrollo de algunos tipos de cánceres. Sin embargo, estos estudios no demuestran todavía que las bacterias contenidas en el tabaco sean un factor que contribuya al desarrollo de enfermedades asociadas con su consumo, y son necesarios estudios adicionales encaminados a confirmar o refutar esta posibilidad.

Sea como fuere, podemos pensar ahora en la producción de un tabaco menos insano que, aunque siga conteniendo más de 3.000 sustancias químicas, muchas de ellas perjudiciales, al menos se encuentre libre de bacterias patógenas. Sin duda, no será la solución a los problemas de salud causados por el consumo de cigarrillos y no cambiará el hecho de que los ambientes contaminados con humo de tabaco seguirán siendo perjudiciales para la salud de todos. Los no fumadores tienen derecho a un ambiente libre de humos, aunque sean humos limpios de bacterias, y este derecho debe ser protegido.

Jorge Laborda es Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad de Castilla-La Mancha


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