miércoles, 21 de julio de 2010

Los científicos declaran la guerra a las políticas sobre drogas

Es una de las primeras acciones que han salido de la Conferencia Internacional del Sida, que se celebra en la capital austriaca entre el 18 y el 23 de julio.

Una de las primeras acciones que han salido de la Conferencia Internacional del Sida, que se celebra en la capital austriaca entre el 18 y el 23 de julio, es la firma de la Declaración de Viena, que pide incorporar la evidencia científica a las políticas sobre drogas. "Las actuales políticas están teniendo efectos devastadores. Alimentan la epidemia de sida y traen consigo violencia, un aumento de los índices de criminalidad y la desestabilización de estados enteros. Y, lo peor de todo, es que no reducen el consumo de estas sustancias. Como científicos estamos comprometidos a elevar nuestras voces para promover políticas que reconozcan que la adicción es una enfermedad y no un crimen", destaca Julio Montaner, director de la Conferencia.

Françoise Barré-Sinoussi, ganadora del Premino Nobel en 2008 por el codescubrimiento del VIH, los ex presidentes Fernando Henrique Cardoso (Brasil), Ernesto Zedillo (México) y César Gaviria (Colombia) y los escritores Mario Vargas Llosa y Paulo Coelho, entre otros, ya se han unido a la declaración.

Fuera del África subsahariana, el uso de drogas inyectables es causa de aproximadamente uno de cada tres nuevos casos de infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). En algunas áreas donde el virus se está propagando rápidamente, como Asia Central y Europa del Este, las drogas son las primeras responsables de las infecciones. Las barreras legales impuestas a los servicios de prevención -cuya eficacia está probada científicamente-, como los programas de intercambio de agujas y la terapia de sustitución de opiáceos (TOC), provocan que cada año cientos de miles de personas se infecten con el VIH y la hepatitis C. "Es hora de aceptar que la guerra contra las drogas ha fallado y de crear políticas que puedan proteger significativamente la salud y la seguridad de la comunidad", afirma Evan Wood, fundador del Centro Internacional de Ciencia en Política de Drogas (ICSDP).

La efectividad de la terapia de sustitución de opiáceos y los programas de agujas está bien documentada y los estudios científicos realizados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), los Institutos Nacionales de Salud de EEUU (NIH) y otros organismos muestran que estos programas reducen las tasas de VIH sin incrementar el uso de drogas. Pero, a pesar de ello, el acceso a estas intervenciones es limitado en aquellos lugares en los que el VIH se está extendiendo con mayor rapidez.

"En América Latina, el único resultado de la prohibición ha sido el cambio de las áreas de cultivo y cárteles de un país al otro, sin reducir la violencia ni la corrupción que genera el narcotráfico", reconoce el ex presidente Cardoso, para quien "en vez de apegarnos a políticas que han fracasado y acarreado consecuencias desastrosas, debemos dirigir nuestros esfuerzos a la reducción del consumo y la reducción de daños. Las políticas represivas están firmemente basadas en prejuicios, miedos y en posturas ideológicas. La manera de salvaguardar los derechos humanos, la seguridad y la salud está relacionada con estrategias de paz y no de guerra".

La Declaración de Viena llama a los gobiernos y las organizaciones internacionales, incluida la ONU, a que den algunos pasos como emprender una revisión transparente de la efectividad de las políticas de drogas actuales; evaluar un abordaje de la salud pública basado en la ciencia; aumentar las opciones de tratamiento de los drogadictos para que dejen su dependencia y abolir los centros de tratamiento forzoso e ineficaz que violan la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

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