martes, 13 de julio de 2010

El consumo de alcohol en la preadolescencia tiene efectos negativos en la memoria adulta a largo plazo

Un equipo de investigadores del Departamento de Neuroplasticidad y Aprendizaje de la Universidad de Granada, coordinado por Milagros Gallo, ha analizado los efectos que provoca la exposición temprana al alcohol y a otras drogas entre los individuos más jóvenes.

Estos resultados, que se publican en Alcoholism: Clinical and Experimental Research, revelan que durante la etapa preadolescente, que abarca las edades comprendidas entre los 11 y los 14 años, se registra un mayor consumo de alcohol en proporción a lo que su cuerpo puede asimilar, tendencia que va descendiendo durante la adolescencia hasta alcanzar la etapa adulta.

Para comprobarlo han desarrollado experimentos in vivo a partir de modelos de consumo voluntario de alcohol en ratas durante su juventud, que equivale a ejemplares de entre 28 y 48 días de vida. En este estudio han contado con la colaboración de Felisa González Reyes, también de la Universidad de Granada.

Patrones repetidos

"En ratas, el comportamiento es muy similar al que experimentan los seres humanos, concretamente los adolescentes, cuyo consumo de alcohol cumple unos patrones concretos: un consumo de grandes cantidades de alcohol de forma intermitente en pocos días", ha puntualizado Gallo.

Los estudios publicados hasta ahora revelaban que la adolescencia es la etapa en la que más alcohol consumen los jóvenes. Sin embargo, la mayor parte de los estudios en animales y las estadísticas en humanos suelen comparar la etapa adolescente y adulta, pero "no se había dedicado atención a la preadolescencia y adolescencia temprana".

El citado grupo colocó a ratas muy jóvenes en jaulas individuales y en cada una pusieron cuatro botellas: una con agua y las otras tres llenas de alcohol de diferente graduación (comparable con los grados que tiene la cerveza, el vino y el whisky).

Durante su etapa preadolescente, adolescente y adulta, las ratas dispusieron de estas botellas durante las 24 horas con el objetivo de realizar un exhaustivo estudio del patrón de ingestión alcohólica, de comida y de agua de cada grupo. Estos ensayos han permitido además a los investigadores comprobar el ritmo circadiano y el modo en que respondían las ratas ante el alcohol después de un periodo de privación.

Seguimiento

Con todo ello, Gallo y su equipo han realizado un seguimiento con periodos intermitentes de exposición y privación de alcohol. Tras someterlas a un largo periodo de abstinencia, se ha comparado la capacidad de aprendizaje y memoria de cada grupo con respecto a otro grupo que nunca había probado el alcohol. "Estos ensayos no son un modelo de alcoholismo, sino de consumo voluntario con exposiciones relativamente cortas y periodos en los que no se consume".

Los resultados han demostrado efectos perniciosos a largo plazo del consumo de alcohol sobre la capacidad de memoria adulta, especialmente durante la etapa adolescente. "El consumo de alcohol durante estas etapas produce deficiencias cognitivas a largo plazo de mayor magnitud que el consumo en adultos, poniendo de manifiesto que se trata de un periodo especialmente sensible en la formación del cerebro", ha apuntado Gallo.

Otro resultado llamativo del trabajo es que las hembras resultan ser más vulnerables tanto en lo que se refiere a las deficiencias de aprendizaje y memoria como en su mayor ingesta después de la privación.

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