martes, 20 de julio de 2010

La cortina de humo

Expertos de Turquía denuncian que la industria tabacalera esgrime el veto limitado de la ley española como argumento para frenar normas más restrictivas en otros países

Turquía se ha puesto seria con el tabaco. Ayer se cumplió un año de la entrada en vigor de la ley que prohíbe su consumo en todos los bares y restaurantes, muy alejada de la normativa española de veto limitado que, a la espera de que se apruebe su reforma, es utilizada por las tabacaleras como argumento contra las restricciones en otros países. Aunque 9 de cada 10 turcos apoyan la prohibición, ciertas asociaciones de hosteleros no están contentas y la han recurrido ante el Tribunal Constitucional, algo tras lo que la experta turca Elif Dagli, investigadora y presidenta del Comité Nacional sobre Tabaco y Salud, ve la mano de la industria.

En Turquía, con 18 millones de fumadores en la actualidad, la prohibición ha supuesto un descenso del 20% en el consumo de tabaco, mientras las urgencias de los hospitales registran un 33,6% menos de ingresos por infarto de corazón y un 20,5% menos por asma. Pero la medida también ha propiciado pérdidas económicas para las tabacaleras. Turquía, uno de los 10 países que más cigarrillos consumen del mundo, es uno de los trozos más apetecibles del pastel.

Documento interno

«La industria del tabaco está atacando la ley por todos los medios», afirma Dagli y muestra un documento interno de Philip Morris fechado en 1995 en el que ya se preveía el peligro que supondrían las leyes antitabaco para las ventas de la compañía y se nombraba a la Unión de Hoteleros, Operadores e Inversores Turísticos (TUROB) como posible «aliada» en Turquía. «Miembros de TUROB han confesado que recibieron sobornos para proponer que solo se obligase a la instalación de sistemas de ventilación en lugar de la actual ley antitabaco», asegura Dagli.

En noviembre del 2008 tres influyentes columnistas de Turquía –Hincal Uluç del diario Sabah, Mehmet Yimaz de Hürriyet y Güneri Civaoglu de Milliyet– fueron invitados a pasar unos días en Madrid para comprobar cómo funcionaba la norma española. Los organizadores corrieron con todos los gastos: vuelo, alojamiento en el Hotel Ritz, comidas en Zalacaín, Tío Pepe y el Casino de Madrid, además de una noche en el club de alterne Hot. A su vuelta, los tres invitados escribieron artículos en los que alababan la permisiva ley española –aún más permisiva en Madrid por su laxa aplicación– y criticaban la turca, entonces a punto de entrar en vigor.

Los periodistas turcos han alegado que la invitación provenía de hosteleros turcos que temen la pérdida de la clientela fumadora. Pero eso no es razón suficiente para Dagli: «Según las estadísticas del Ministerio de Finanzas, el número de restaurantes y bares que se han visto obligados a cerrar este año es similar al de años anteriores».

Un estudio coordinado por el profesor de la Universidad Complutense Carlos Jiménez Ruiz concluye que las tabacaleras influyeron en la actual legislación española sobre el tabaco –también criticada por la Organización Mundial de la Salud– y que las grandes empresas utilizan España como laboratorio donde probar sus estrategias destinadas a impedir la prohibición total en otros países. Todo acabará con la reforma de la ley.

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