domingo, 11 de octubre de 2009

Experta dice que la prevención contra la drogadicción funciona y debe empezar en la niñez

La prevención contra la drogadicción funciona y debe empezar en la niñez, como se ha visto con el tabaco, según ha declarado a Efe la directora del NIDA (Instituto Nacional contra las Drogas) de EEUU, Nora Volkow, que hoy ha participado en el congreso "Hablemos de drogas", que ha inaugurado la Reina.

Volkow, que ha defendido que la adicción a las drogas es una enfermedad crónica con recaídas, como pasa con otras enfermedades que no están estigmatizadas como la hipertensión o la diabetes, ha explicado que los programas de prevención deberían empezar desde los 3-4 años "porque los niños tienen un cerebro con el que son capaces de entender cosas complejas como éstas".

A estas edades, ha puntualizado, los padres deben dar ejemplo y no usar drogas y hablar con los hijos de los riesgos que tienen, y explicarles, cuando vean en televisión escenas de personas que se drogan, que aunque parezca que les causa placer, a la larga les originan graves problemas y son muy peligrosas.

En el caso de los padres en riesgo, esta experta en drogas es partidaria de llevar a cabo un seguimiento y una tutela de los progenitores desde el nacimiento del niño, para que sean capaces de mostrarles los riesgos que tienen las drogas.

En el ámbito escolar, considera que a los seis años los niños ya deben tener en sus manos material docente de prevención, a base de caricaturas, como se hace en EEUU, en donde las campañas se basan en datos científicos sobre los efectos de las drogas.

En el congreso, organizado por la Fundación "la Caixa", la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción y el Ministerio de Sanidad, Nora Volkow ha recordado que la drogadicción "no es un estilo de vida que se escoge, sino una enfermedad que se agrava cuando los usuarios son adolescentes y jóvenes" porque su cerebro es todavía muy plástico y no tiene establecidas todas las conexiones que deben ejercer el control sobre las emociones.

Ha recordado que el 50% de la vulnerabilidad a las drogas viene dada por una cuestión genética y que factores ambientales como la disponibilidad, el soporte familiar inadecuado y la pobreza, por el estrés que produce en los estados emocionales, también influyen.

En su intervención ha insistido en que la drogadicción "se puede tratar y recuperar más de lo que se pensaba, incluso en cerebros de personas adultas", y que la tasa de recaídas es comparable a la que se da en otras patologías no estigmatizadas.

Según Nora Volkow, entre el 40-60% de las personas en tratamiento recaen, una tasa similar a lo que pasa con los enfermos que dejan de medicarse contra la diabetes o la hipertensión, y ha criticado que estos porcentajes, en el caso de las drogas, se tomen como argumento de fracaso cuando en las otras patologías se ven como una forma de medir el éxito de determinados fármacos.

Respecto a los tratamientos farmacológicos, ha dicho que el arsenal terapéutico es limitado porque a la industria farmacéutica no le ha interesado investigar en un problema tan estigmatizado y apenas se han dedicado recursos, pero que con la era del presidente Barak Obama parece que hay más recursos y las cosas pueden cambiar.

El director de psiquiatría del Hospital del Valle Hebrón, Miquel Casas, asistente al congreso, ha remarcado que no hay que olvidar que la drogadicción va asociada con problemas psiquiátricos como depresiones, ansiedad, psicosis o transtornos de la personalidad, y que es importante diagnosticarlos lo antes posible para prevenir su consumo.

Casas ha insistido en que el fracaso escolar está relacionado con las drogas, explicando que en el caso del cannabis los efectos se acumulan en el cuerpo durante 21 días, lo que hace que si se fuma con frecuencia se acabe totalmente impregnado y aparezcan problemas de atención y concentración que repercuten en el rendimiento.

También ha alertado del riesgo de esquizofrenia que provoca el uso de drogas entre los jóvenes, "desde el principio o al cabo de un tiempo", que llega hasta el 5% entre los usuarios, mientras que en la población general es del uno por ciento.

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