martes, 29 de septiembre de 2009

El creciente consumo de cannabis por menores aumenta las patologías mentales

El consumo de estupefacientes ha aumentado casi en un 50% en los últimos 15 años.

El aumento casi en un 50% en los últimos 15 años del consumo de cannabis por jóvenes españoles menores de 18 años ha incrementado las demandas de atención sanitaria por problemas mentales derivados de su consumo, y puede ser el desencadenante de patologías como la esquizofrenia.

El psiquiatra de la Unidad Infanto-juvenil del Hospital Donostia de San Sebastián Javier Palomo ha advertido del peligro de la aparición de patologías mentales en adolescentes y jóvenes por el consumo habitual de cannabis, aunque también de éxtasis y «speed», que en muchos casos pueden tener consecuencias «trágicas» para la salud de estos consumidores.


Según un informe del Plan Nacional sobre Drogas de 2008, la edad de inicio del consumo de hachís y marihuana se situó en los 14'6 años, y un 30'5% de los adolescentes entre los 14 y los 18 años la había consumido, sobre todo, los chicos.

Pese al daño mental que puede producir el consumo de cannabis, los adolescentes españoles creen que esta droga conlleva menos riesgos que otras sustancias ilegales o legales como el tabaco o el alcohol. Sin embargo, el hachís provoca sobre todo alteraciones cognitivas, fundamentalmente pérdida de memoria, según el doctor Palomo, quien alerta de que ésta es una droga «incorrectamente infravalorada» por muchos jóvenes, quienes no son conscientes del riesgo que esta sustancia supone para su salud porque su consumo se «banaliza».

El doctor Palomo explica que más de la mitad de los pacientes que ingresan en la Unidad de Psiquiatría Infanto-juvenil del Hospital Donostia con cuadros graves son adolescentes que consumen o han consumido drogas en algún momento de sus vidas. El consumo de estupefacientes, en general, puede producir cuadros sintomáticos consistentes en la alteración de los afectos, las percepciones y los pensamientos durante un tiempo limitado, en lo que se conoce como «trastornos mentales inducidos por drogas».

Éstas también pueden contribuir, junto a factores medioambientales y genéticos entre otros, a la aparición de trastornos como la esquizofrenia, que se ha demostrado que, incluso teniendo una predisposición genética, quizás no se manifiesta de no haber consumido drogas. Además, cuadros de ansiedad, brotes psicóticos o afectivos y alteraciones sensoperceptivas (alucinaciones) y cognitivas, son otras de las consecuencias que pueden dejar un «sello duradero» en los afectados.

Los efectos que tienen tanto los trastornos mentales limitados en el tiempo como enfermedades más graves pueden ser «devastadores» para los adolescentes, aunque Javier Palomo precisa que la edad de mayor consumo de drogas se da entre los 18 y 20 años. Enfermedades como la esquizofrenia pueden condicionar de por vida no sólo al joven drogadicto, sino también a su familia, y repercuten en el sistema sanitario por el coste económico que supone su tratamiento, según este psiquiatra.

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