lunes, 28 de septiembre de 2009

El primer trago de alcohol, cuanto más tarde, mejor para la salud


El momento de probar el alcohol parece decisivo a la hora de establecer el riesgo que se padece de sufrir alcoholismo.

La edad a la que se comienza a beber determina la aparición de una adicción en un futuro

Todavía queda mucha investigación para dilucidar si el alcohólico nace o se hace. Si bien los factores ambientales juegan un papel decisivo a la hora de que un individuo tenga problemas de esta índole, lo cierto es que la genética también influye en la predisposición individual a desarrollar dependencia de esta sustancia.

No obstante, varios trabajos publicados recientemente han arrojado algo de luz en este área de la ciencia. La conclusión general que se puede extraer de todos ellos, y a falta de datos definitivos, es que el momento de probar el alcohol parece decisivo a la hora de establecer el riesgo que se padece de sufrir alcoholismo, independientemente de la configuración genética de cada uno. Es decir, que la primera copa, cuanto más tarde llegue, mucho mejor.

Uno de los trabajos que apoya esta tesis, llevado a cabo por un equipo de expertos de la Universidad de Washington (Estados Unidos) y publicado en "Alcoholism: Clinical and Experimental Research", se ha llevado a cabo comparando la evolución de más de 6.000 parejas de gemelos (hombres y mujeres) procedentes de Australia.

Todos los participantes respondieron a extensos cuestionarios. Entre otras, tuvieron que responder a preguntas relacionadas con sus hábitos en lo referente al consumo de alcohol, la cantidad que ingerían, la frecuencia y, lógicamente, la edad que tenían cuando probaron su primer trago.

Paralelamente, los investigadores evaluaron la posible dependencia alcohólica de cada individuo conforme al DSM-IV (el registro oficial de enfermedades y trastornos, aceptado por la comunicad científica internacional).

Después de valorar todos los datos, los científicos observaron que la edad a la que se probó el alcohol juega un papel determinante en lo referente a la dependencia futura de esta sustancia tóxica. Así, los que bebieron entre los 12 y los 13 años corrían mucho más peligro que los que lo habían hecho más tarde (a partir de los 15).

No obstante, los investigadores no tienen clara la causalidad de este fenómeno. Es decir, si es la ingesta temprana de alcohol lo que activa una serie de genes que favorecen la dependencia o si existe una predisposición genética que induce al individuo a probar estas bebidas precozmente.

"Beber demasiado pronto puede deberse, ciertamente, a que el individuo se desenvuelve en un entorno que facilite la transición entre un consumo responsable y un abuso de la bebida", argumenta el director de este trabajo. "No obstante, también puede darse la circunstancia de que tomar alcohol desde muy joven cause una serie de cambios en el cerebro adolescente que modifiquen su vulnerabilidad individual a este tipo de adicción", continúa el especialista.

No obstante, el equipo de investigadores muestra su opinión unánime en cuanto a la importancia de su trabajo. "La lección que se puede extraer de cara a la salud pública es que hay que tratar de retrasar la ingesta de alcohol todo lo posible entre los adolescentes y jóvenes, ya que eso disminuye la probabilidad de que los genes inductores de la dependencia alcohólica se activen y causen problemas en la edad adulta", apostillan. "Esto no quiere decir que los que empiezan a beber más tarde no vayan a sufrir problemas con la bebida, pero en estos casos parece que tienen más peso las circunstancias ambientales", concluyen.

Pruebas con ratas

Otro estudio, publicado en la revista "Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS)" y elaborado con ratas de laboratorio, parece refrendar la teoría de sus colegas.

Estos científicos indujeron el consumo de alcohol en un grupo de roedores muy jóvenes a través de matrices de gel que contenían etanol (la sustancia tóxica que provoca las borracheras). Luego compararon su comportamiento y evolución de estos animales en comparación con otros a los que se les dio este componente cuando eran adultos.

Los análisis revelaron que los roedores que habían tomado alcohol precozmente sufrían alteraciones neurológicas y anomalías en su desarrollo cerebral que interferían en su toma de decisiones. De esta manera, y una vez superado un entrenamiento de habilidad en la que los roedores tenían que optar por alternativas, se observó que éstos siempre elegían la más peligrosa o la más arriesgada.

En opinión de los autores de la investigación, este fenómeno podría extrapolarse a los adolescentes, ya que en el periodo en el que muchos de ellos comienzan a beber, todavía no se ha completado el desarrollo de sus sistemas límbico y cortical (regiones del cerebro implicadas en la toma de decisiones y en la valoración de los riesgos y las posibles recompensas de una determinada conducta).

Es más, "nuestros datos ofrecen evidencia de que la exposición temprana al alcohol puede conducir a la alteración de la capacidad de tomar decisiones sensatas durante la edad adulta y nuevas pistas para ahondar en los mecanismos neurobiológicos que enlazan esta relación [beber en la adolescencia y decidir en el futuro]", opinan en su estudio.

Observación en Estados Unidos

Finalmente, otro trabajo publicado en "Alcoholism: Clinical and Experimental Research" también avala la conveniencia de retrasar al máximo el consumo de alcohol entre los más jóvenes.

Según parece, los estados de EEUU que tienen la prohibición de beber alcohol para los menores de 21 años tienen menos población adulta con problemas derivados de su abuso y dependencia de esta sustancia.

De esta manera, los científicos no sólo consideran que esta norma ha de mantenerse, sino que instan a las demás regiones federales a que revisen el límite que han impuesto para que un individuo joven pueda beber alcohol.

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