domingo, 30 de agosto de 2009

Alcohólicos saben disimular su adicción, sobre todo las mujeres



"Es más común que las mujeres pasen inadvertidas porque hay un estigma social", dijo Robert Swift, siquiatra especializado en adicciones de la Brown University de Providence, Rhode Island, EE.UU.

Carol Colleran llegó a ingerir diez cervezas por la noche durante la semana. Más en los fines de semana. Al día siguiente se aparecía en el hospital donde trabajaba en un puesto administrativo.

Se sentía mal, medio aturdida. Pero disimulaba y se paseaba por los corredores saludando a la gente. "Me sentía mejor si me sentaba", comenta ahora. Está segura de que nadie, ni siquiera el personal del centro de tratamiento de adictos del hospital, se dio cuenta de que era alcohólica, afirma la mujer, quien hoy tiene 72 años y ha superado el problema que la acosó durante un cuarto de siglo.

El tema de los alcohólicos que pasan inadvertidos cobró actualidad a fines de julio cuando una mujer que transportaba en un auto a cinco niños se metió a contramano en una autopista y provocó un choque en el que murieron ella y otras siete personas. Los análisis indicaron que estaba ebria y había fumado marihuana.

Su esposo niega que fuese una alcohólica.

Si lo era, afirman expertos, es posible que se lo hubiera ocultado a colegas, amigos e incluso familiares. Los alcohólicos, señalan, saben disimular. Especialmente las mujeres.

"Es más común que las mujeres pasen inadvertidas porque hay un estigma social", dijo Robert Swift, psiquiatra especializado en adicciones que enseña en la Brown University de Providence, Rhode Island. Con frecuencia toman vodka, que es difícil de detectar en el aliento. En el auto de Schuler se halló una botella de vodka.

O beben cuando no hay gente alrededor. Por ejemplo, a la mañana, después de que los niños se fueron a la escuela. También toman bebidas incoloras, que hacen pasar por agua. O se las ingenian para esconder la bebida en sitios inesperados.

"Sé de casos en los que escondían las botellas en las tejas del techo, en los colchones o detrás de estantes de libros", dijo Swift.

Las mujeres sienten una necesidad mayor de ocultar su adicción porque no quieren alterar la vida de la familia, según Petros Levounis, director del Instituto de Adicciones del St. Luke’s-Roosevelt Hospital Center de Nueva York.

Dado que lo ocultan tan bien, a menudo bebiendo a solas, el problema no solo es más difícil de detectar sino que se hace más grave.

"Con las mujeres no surgen las banderas rojas que generalmente aparecen en estos casos", dijo Levounis, quien enseña en la Universidad de Columbia. "Los hombres trabajan de nueve a cinco, llegan tarde a casa, se manejan con torpeza. La gente se da cuenta de que algo pasa. Tal vez pierdan sus trabajos, pero salvan sus vidas".

Hay muchos trucos. A lo largo de 20 años, William C. Moyers dice que "me las ingenié bastante bien" para disimular sus adicciones.

Por ejemplo, por cada trago que tomaba en público, "bebía otro en el baño".
"Uno abiertamente, otro a escondidas". En cuando a la marihuana y la cocaína, las consumía a solas.

"Mi esposa no tenía idea de que era un adicto", comenta Moyers, quien hoy es director ejecutivo de un centro de tratamiento de adictos en Hazelden, el Center for Public Advocacy. (También fue periodista y es hijo del popular periodista televisivo Bill Moyers).

Moyers dice que los familiares con frecuencia se niegan a ver la realidad. "Nadie reconoce el problema, ni el individuo ni la familia", manifestó. "Nadie saca las conclusiones que hay que sacar".

Colleran, quien lleva 27 años sobria y es vicepresidenta de otro centro para adictos, el Center of Older Adult Recovery en el Centro Hanley de la Florida, dice que la gente a su alrededor se negaba a admitir que era alcohólica, en parte, tal vez, porque tenía hijos.

"Mis vecinos me dijeron que no tenían ni idea", expresó Colleran. "Pero me veían con una cerveza todos los días. Hice asados en los que no conciné del todo el pollo y nadie pensó que tenía un problema".

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